Sergio Rosell

Hace 12 años mis cuñados nos dijeron “por el momento hemos dejado de buscar casa en la Sierra Oeste de Madrid, unos amigos misioneros se van  a Sudáfrica y nos dejan su casa  uno o dos años  y así podemos buscar con más tranquilidad”  Lo primero que pensé es “¡que gente tan generosa  e inconsciente! dejar la casa nueva a un matrimonio con niños pequeños y sobrinos traviesos (mis hijos)”

A los dos años conocimos a la familia Rosell-Theron (Sergio, Annette, Andrea, Josue y Pieter). Fue el inicio de una  preciosa amistad. Su casa parece la sede de Naciones Unidas, siempre llena de gentes de otros países y culturas. Son divertidos, generosos, comprometidos, cultos e interesantes, además de muy buena gente.

Dicen los entendidos del mundo empresarial que en los negocios no se debe de hablar de futbol, política ni de religión. En realidad todos hablamos de las dos primeras con cierta frecuencia y en los últimos tiempos la política la tenemos hasta en la sopa. De lo que no hablamos es de nuestra faceta religiosa- espiritual, si es que la  tenemos.

No sé por qué razón esto sucede y,  en muchos casos, intentamos a toda costa que no se nos note nada. Es cierto que hablar de este tema crea controversia y puedes salir etiquetado y perjudicado.  Por esta razón he tenido un conato de duda para tomarme un café con mi invitado de hoy, pero fue solo un segundo lo que tardó en desaparecer esa idea de mi cabeza.

A veces por el afán de que no nos encasillen en algo absolutamente pasado de moda, o denostado socialmente (en muchos casos con razón) no nos atrevemos a decir que tienes una creencia, que eres practicante o que crees en la idea de construir un mundo mejor.

He de deciros que no sé por qué circunstancia a lo largo de estos 10 años, he tenido a mi alrededor, más que nunca, gente fantástica de diferentes religiones y confesiones, gente impregnada de solidaridad, valores, coherencia, etc. y me parece injusto que por dedicarse a estos menesteres, no invitarles a un café y haceros disfrutar también de sus ideas y artículos.

Todos estos amigos han confirmado mi arraigada creencia de que tu vida tiene que ser coherente y actuar con los mismos criterios y  valores en todas sus facetas: En la familia, con tus amigos, tus vecinos,  en la empresa, en la sociedad, con la naturaleza, etc.

En byperson nos dedicamos a las personas y tenemos la suerte cada día de poder trasladar  a nuestra empresa, todos esos valores que tenemos en nuestra vida personal y lo mejor, intentamos hacer las cosas tal y como nos gustaría que las hicieran con nosotros.

Gracias Sergio y Annette por tantos días divertidos con los niños; las excursiones, los partidos de vóley , de pádel, las barbacoas, esos conciertos domésticos con batería, flauta, guitarras, piano, y todo lo que suene bonito; gracias por esas cenas multiculturales y sus  conversaciones interesantes y enriquecedoras,  gracias por tener siempre la casa abierta a todo el mundo y sobre todo, gracias porque a pesar de no compartir la misma confesión, nos habéis apoyado siempre y  hemos aprendido en estos años, que hay más cosas que nos unen que las que nos desunen. Gracias por estar siempre ahí.

Gracias, Sergio por querer tomarte un café conmigo.


La vida integrada

Aquellos que nos dedicamos a la enseñanza y a las «cosas del espíritu», en resumen, a pensar y hablar sobre la VIDA, nos damos cuenta de que como decía el zorro al principito en la obra homónima de Antoine de Saint-Exupéry «lo más importante es invisible a los ojos». A menudo se percibe todo lo relacionado con lo espiritual como una suerte de huida de lo diario, una válvula de escape para los que no saben/pueden afrontar los retos cotidianos. Nada más lejos de la verdad. A estas alturas de la historia nos damos cuenta que somos más que materia, el ser humano es un totum revolutum (emocional, físico, espiritual, etc.) en busca de integración. Se podría decir que nuestra vida es un perseguir esa integración de todo lo que somos, de manera que lo hacemos, vemos, sentimos y sabemos tenga «significado», propósito. Dejadme que ponga un sencillo ejemplo para iluminar lo que quiero decir. Muchas personas encuentran en su trabajo profesional una de las mayores satisfacciones de su vida. No nos es ajeno que muchos de nuestros compañeros de trabajo pasan más horas en la oficina que en el hogar. La satisfacción del deber cumplido, de subir en la escala social, de la recompensa pecuniaria, puede tender a aglutinar tanto de nuestro tiempo que todo lo demás se perciba –incluso la vida familiar– en competición con ello. Conozco a personas que se centraron en llegar a la cima laboral rápidamente –había que hacerlo en los primeros quince años de vida laboral– que han perdido a parte de la familia por el camino. Proveyeron seguridad económica, sí, pero al alto precio de sacrificar lo más importante: la presencia física, que no se compara con los más caros regalos. familia-y-trabajoLa vida es más que trabajo y más que familia; más que hobbies y que ganar dinero y tener vacaciones. Es todo ello y mucho más. No se puede reducir a una sola faceta de nuestra vida porque rápidamente se queda corta. El problema es que nos cuesta conciliarlo todo y darle un sentido y propósito. Pedimos a los gobiernos, legítimamente, que se elaboren leyes para hacer de la vida laboral algo más conciliado con la familia, pero no es verdaderamente ahí fuera donde se encuentra la respuesta, sino dentro de nosotros. Esta conciliación, que en el fondo es una forma más de hablar de integración, es una búsqueda que toda persona persigue, ya sea conscientemente o no. Como digo, la respuesta no la podemos esperar de los estamentos sociales y/o políticos, sino que está mucho más cerca de nosotros, y por ende, se ha cultivar, lo que conlleva un cierto esfuerzo de nuestra parte, como todo lo que merece la pena en esta vida.

Puede parecer poco pertinente de mi parte poner como modelo de gestión a byperson, pero en estos más de diez años en que he conocido a Alicia y Juanjo me ha sorprendido gratamente comprobar que verdaderamente las personas son su prioridad: sus clientes y trabajadores son su « particular parroquia». Quienes conocen a Juanjo saben que no es un tipo al que le guste compartir en lo personal, pero desde siempre les he tenido como modelo de gestión humanizadora y veo en su vida y empresa los resultados de poner en práctica esta prioridad.

tour-integration-workflowSea cual sea la materia que enseñe, lo que siempre busco es que los estudiantes sepan integrar el contenido de la enseñanza a su propia vida. De no ser así, lo que se enseña poseería tan solo un valor teórico, lo cual no es poco, pero se queda siempre en ese «afuera», es decir, sin que se haya parte de lo habitual, integrado en la vida diaria. Conocer cuál es nuestro propósito en el trabajo que tenemos que desempeñar, ya sea que limpiemos casas, sirvamos mesas en un restaurante, dirijamos una compañía, trabajemos en la construcción o enseñemos a pequeños en un colegio, es imprescindible para que podamos integrarlo a nuestra VIDA. Porque nuestra tarea profesional debería ser la de hacer de nuestro mundo «hogar», es decir, hacerlo más habitable («domesticarlo», del latín domus, «casa»), el lugar de nuestra habitación y la del otro, para vivir de forma más armónica y justa. Nuestra habitación, que debe perdurar en el tiempo, haciendo de ello un lugar agradable y limpio, donde dé gusto vivir. Esto es justamente lo que hacemos con nuestra propia vivienda, donde nos esforzamos porque sea un lugar cómodo, sin contaminación, refugio, ese lugar al que podemos llamar «hogar».

Si lo laboral es también participar en hacer de este mundo un lugar más hogareño, donde podemos coexistir en armonía, entonces es imprescindible que el valor se ponga en las personas y no en el producto. Somos conscientes de cuál es el coste de favorecer el producto/resultado por encima de las personas: estrés, explotación, frustración, etc. Si no sabemos integrar lo más importante a lo que dedicamos tanto tiempo, estaremos siendo partícipes en crear un mundo menos humano, alejándonos de nuestra primera vocación.

Todo esto se extiende también al resto de nuestra vida: nuestro tiempo de ocio, lo que hacemos como familia, nuestras salidas al campo o al cine, las conversaciones con los amigos en el bar… Si vivimos la vida de forma parcelada –como si se trataran de esferas distintas que nunca se tocan y que compiten entre sí– viviremos a contracorriente, sacando la cabeza del agua a menudo para no ahogarnos. Pero no estamos aquí meramente para sobrevivir, sino para vivir con sentido y significado, para sacarle todo el jugo posible a los años que vivimos.

Y en esto, como en todo lo demás, haremos bien en prestar atención a esos intangibles, a menudo invisibles al ojo humano, y que en realidad son lo más preciado que tenemos.

¡Muchas felicidades byperson por vuestros 10 años!


José Luis Ruiz-Calero Eduardo Castillo
José Luis Ruiz-Calero
Eduardo Castillo
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